Hoy queremos hablaros de nuestro buen amigo Jose Carlos Villarejo, el mejor guadamecilero del mundo. ¿Porqué es un artista único en el mundo? Sólo él sabe dar vida a los auténticos guadamecíes Omeyas. Su tío dedicó muchos años de investigación sobre su origen, técnicas y diseños que con cariño y dedicación se la ha ido transmitiendo a Jose Carlos. Como guía de su casa- museo, me gustaría explicaros todo lo que he aprendido de él y de la historia de sus obras.

¿Dónde surgen los guadamecíes Omeyas?

Para comprenderlo, vamos a viajar al siglo X, cuando Córdoba era la capital de Al-ándalus y la ciudad palatina de Medina Azahara era el sueño de cualquier gobernador. Es allí en Medina Azahara, en la Dar al –Sina’a (centro artesano oficial) donde nacen los primeros guadamecíes Omeyas. El califa Abd al-Rahman III, descendiente de la dinastía Omeya, traslada a la ciudad palatina los mejores artistas de Al-ándalus para que, de forma exclusiva, diseñen y creen para él las obras más valiosas y preciadas de Occidente. Es en este enclave de ostentosidad, poder, riqueza y opulencia, donde se crean los primeros guadamecíes Omeyas.

¿Qué fin tenían los guadamecíes Omeyas?

Como sabéis, en Medina Azahara tenían lugar las audiencias del califa Omeya con representantes de embajadas extranjeras: representantes de los reinos visigodos del norte, la corte alemana, comitivas de Bizancio y tribus del Magreb. El protocolo de aquella época establecía que en señal de respeto y cordialidad ambas partes se hacían regalos, pero la finalidad de éstos era mostrar la cultura, riqueza y sabiduría que cada uno de ellos residía.

Por ello, el califa Omeya, de entre sus mejores talleres, eligió el taller de cueros conocido en todo occidente. Pero no quería obsequiar a sus invitados con algo que ya conocían, sino con una pieza única, llena de simbolismo y poder: El guademací Omeya, un arte sunturario que sólo poseía el califa, demostrando así su superioridad ante todos los demás.

¿Cómo se hacía el guadamecí Omeya?

Los curtidores trataban la piel de oveja, para obtener una piel suave y delicada que permitiese trabajar sobre ella. Una vez preparada, se cubría por completo con hojas de oro y plata. Sobre la base plateada y/o dorada se realizaba el diseño que se iba a mostrar: referencias a la grandeza de Alá, animales del paraíso, motivos geométricos y vegetales… Sobre las líneas trazadas se aplicaban pinturas de origen vegetal esbozando el dibujo, posteriormente se ferreteaban con barritas de hierro las cuales al final tenían diversas formas geométricas. Y así, con mucho esmero y paciencia, marcaban sobre la base formas circulares, en forma de estrella, cuadradas…

La desaparición de los guadamecíes

A la caída del califato de Córdoba, el arte de los guadamecíes omeyas desapareció debido a que ya no había poder que promocionar a través de estas obras. Los guadamecileros siguieron trabajando en las cortes de Francia y Bruselas, adaptándose a los gustos de la época y modas añadiendo figuras humanas y arquitectónicas. El guadamecí Omeya desapreció.

Me gustaría expresar mi verdadera admiración a la casa Museo de Ramón García Baena, museo de guadamecíes Omeyas, por haber recuperado el saber hacer de aquellos artistas del siglo X, época del mayor esplendor de nuestra ciudad. Y en especial a Jose Carlos Villarejo por saber cuidar nuestra herencia artística y ponerla en valor en todo el mundo.

Gracias a la investigación realizada por su tío y trasmitida a Jose Carlos, se  han podido rescatar del siglo X las técnicas, inspiración y diseños de los auténticos guadamecíes Omeyas de la corte de Abd-al Rahman III, cuando Córdoba era capital de Al-ándalus y referente en Occidente.

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